Elección presidencial 2024 – Primera parte

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Estamos a menos de un año de las elecciones de 2024, que ya están catalogadas como las más grandes en la historia de México: se renovará el Congreso federal completo (500 diputados y 128 senadores), 9 gubernaturas (incluida la Jefatura de Gobierno de la CDMX), mil 787 presidencias municipales, 16 alcaldías en la CDMX, mil 98 diputaciones locales y, por supuesto, la Presidencia de la República.

Como en cada proceso electoral, las encuestas tienen un papel central para el público, para los partidos y para las personas que compiten por los puestos de elección popular. Por esta razón, esta semana consideramos muy importante poner en contexto el origen de las encuestas de opinión, la regulación a la que están sujetas en México y brindarle al público la mayor información posible para que puedan interpretar toda la información que estos estudios de opinión ofrecen.

Primero, un poco sobre la historia de las encuestas en este lado del mundo. La primera encuesta sobre una contienda electoral se publicó el 24 de julio de 1824 en el diario Harrisburg Pennsylvanian. Unos años después, en 1986, los periódicos de Chicago enviaron cuestionarios a más de 300 mil electores registrados, y determinaron que el candidato McKinley ganaría la elección con 58% de los votos. Ya entrados en el siglo XX, en 1924 se publicó la primera encuesta no oficial –straw poll– a nivel nacional en Estados Unidos, que realizó el Literay Digest.

Estas primeras encuestas no contaban con una metodología formal que tomara en cuenta factores que hoy son indispensables en el diseño de cualquier estudio de opinión serio, como la representatividad. En 1936, George Gallup propuso un nuevo método de investigación mediante cuotas que consiste en entrevistar a un número determinado de personas de cada categoría. El margen de error de su encuesta de ese año fue razonable (+/- 6.8%), considerando que estaba proponiendo un nuevo método de medición de las preferencias electorales. 

¿Qué hay de México? En nuestro país con cada proceso electoral surgen empresas dedicadas a hacer encuestas no oficiales que llenan los espacios en medios de comunicación y  redes sociales; sin embargo, muchas de estas empresas desaparecen una vez que termina el proceso electoral. Considerando la influencia que la publicación de encuestas pueden tener sobre la opinión pública, las autoridades electorales tienen un registro de encuestadores y encuestas, donde se encuentran todas las encuestas que realizan empresas establecidas.

Después de muchos años, los estudios de opinión pública se han perfeccionado y ahora podemos saber cosas como los factores que influyen en la construcción de las preferencias de las personas. Por ejemplo, hoy sabemos que en lo que respecta a la opinión que las personas tienen del Presidente lo que más incluye son los medios de comunicación; cuando se trata de partidos políticos, es la familia; finalmente, las redes sociales juegan un papel central en la construcción de la opinión que las personas tienen sobre candidatos y candidatas en particular.

Hablando de partidos, presentamos un histórico de opinión positiva de los tres más importantes: PAN, PRI y Morena. Este seguimiento empieza en el año 2000 y encontramos cosas interesantes, como que la opinión de los dos partidos más antiguos (PRI y PAN) ha tenido muchas variaciones en estas dos decadas, pero a partir de 2012 la tendencia de aprobación de ambos está a la baja, a pesar de que entre 2000 y 2012 el PAN gobernó el país y el PRI regresó a la Presidencia entre 2012 y 2018. En contraste, Morena, el partido más nuevo, sólo ha mejorado su aprobación año con año desde su creación en 2015.

Ahora, en lo que respecta a la percepción actual que la ciudadanía tiene de los 7 partidos nacionales (PAN, PRI, PRD, PT, PVEM, Movimiento Ciudadano y Morena), encontramos que el PRI registra el mayor rechazo entre la población: 7 de cada 10 personas tienen una opinión negativa de este partido. Le sigue el PAN con 58.4% y muy de cerca el PRD con 56.8%. Por el contrario, los partidos de la coalición oficial (Morena, PT, PVEM) tienen los menores porcentajes de opinión positiva, encabezados por Morena (14.7%), seguido del PVEM (34.1%) y el PT (35.3%). Movimiento Ciudadano, que hasta ahora ha decidido mantenerse alejado del alianza opositora y del oficialismo, tiene un pocrcentaje de opinión negativa no muy diferente del de los aliados de Morena con 33.2%.

Como mencionamos antes, el avance de los estudios de opinión pública ahora permite conocer mucho mejor al electorado y definir segmentos con base en sus preferencias. Actualmente podemos dividir a los electores mexicanos entre morenistas duros (41.8%), indecisos (18.8%), opositores (16.2%), morenistas modernos (13.9%) y apáticos/desencantados (9.3%).

Lo explicamos al principio, pero vale la pena reiterarlo: las encuestas desempeñan un papel fundamental en el proceso democrático de cualquier país, pues permiten a la sociedad y a los actores políticos tener una comprensión más clara y precisa de la dinámica electoral, lo que en última instancia fortalece la transparencia y la legitimidad de los procesos electorales.

Las encuestas de preferencias electorales serias, bien diseñadas y ejecutadas brindan a los ciudadanos la oportunidad de expresar su opinión de manera anónima y libre. Al mismo tiempo, ofrecen una visión en tiempo real de la inclinación de la opinión pública, permitiendo a los candidatos y partidos políticos ajustar sus estrategias y mensajes para acercarse a las preocupaciones y expectativas de los votantes. En conclusión, los estudios de opinión pública informan a la ciudadanía y promueven una competencia electoral más justa y transparente, fortaleciendo las bases de la democracia.

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