TECHO DE CRISTAL 2024

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La elección del pasado 2 de junio nos ha dejado muchos temas para reflexionar, pues representa un hito en varios aspectos; sin embargo, uno de los más importantes es el hecho de que por primera vez en la historia de México una mujer ocupará la Presidencia. Si bien es cierto que esto puede parecer un gran avance en materia de igualdad de género, en esta ocasión analizamos la realidad de las brechas entre hombres y mujeres a nivel global y en México.

Seguramente muchas y muchos de nosotros estamos familiarizados con la expresión “techo de cristal”, que hace referencia a los obstáculos que las mujeres enfrentan para ascender en el ámbito laboral. El origen de este concepto se remonta a 1978, cuando la autora y activista Marilyn Loden acuñó la frase en una mesa redonda sobre las aspiraciones de las mujeres. Loden explicó que el ascenso de las mujeres en el mundo laboral está limitado debido a una cultura que obstruye sus aspiraciones y no fomenta la equidad de oportunidades.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de “techo de cristal”? Se trata de factores como estereotipos y construcciones culturales que establecen límites para la realización profesional de las mujeres. Estos estereotipos perpetúan la percepción de que las mujeres son incapaces de ascender más allá de las gerencias medias. Además, hay barreras culturales que obstruyen sus oportunidades de desarrollo profesional: incluso cuando las mujeres logran ocupar posiciones que tradicionalmente han sido ocupadas por hombres, a menudo se percibe que la importancia de esos puestos se degrada.

Como vemos, los prejuicios y estereotipos que se ocultan detrás de este concepto son un reflejo del machismo y las reglas patriarcales que tratan de dejar fuera de los espacios de decisión las necesidades de la mitad de la población, que sin la representación adecuada no pueden atenderse mediante decisiones y políticas más incluyentes. Estos obstáculos están presentes en el ámbito público y en el privado. Las estructuras jerárquicas en la mayoría de los espacios suelen regirse por reglas masculinas, donde el prototipo de empleado ideal es el varón. La designación de puestos directivos pocas veces está relacionada con los méritos profesionales de las personas, lo que favorece a los hombres debido a la predominancia del estereotipo que relaciona al hombre como directivo. Este sistema perpetúa la exclusión de las mujeres de los altos cargos y mantiene la dominación masculina en los espacios de poder.

El 2 de junio, Claudia Sheinbaum rompió uno de esos llamados techos de cristal al convertirse en la primera Presidenta de México en 200 años de existencia del país. Sheinbaum se suma a un pequeño grupo de mujeres que han dirigido a sus países en América Latina: desde 1990 a la fecha, la región sólo había tenido 9 Presidentas; ahora 10 con la llegada de Claudia Sheinbaum. Este hecho representa un hito histórico y un avance significativo hacia la igualdad de género en la política mexicana. Sin embargo, este logro no implica que la lucha por la equidad haya terminado; queda mucho por hacer en términos de igualdad salarial y representación femenina en los puestos de mayor nivel jerárquico.

A pesar de los avances, las mujeres en México ganan entre 16% y 35% menos que los hombres. Por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer recibe solo 65. Además, México es el tercer país de América Latina con menos presencia de mujeres en los puestos de mayor nivel jerárquico en el sector público. Las disparidades también se extienden a las pensiones y jubilaciones, donde los hombres reciben 7 de cada 10 pesos, mientras que las mujeres solo reciben 5 de cada 10 pesos.

Otro aspecto alarmante es la dependencia económica de las mujeres. Ellas reciben 2.2 veces más ingresos por terceros en comparación con los hombres, lo que indica una menor independencia económica. Esta situación subraya la necesidad de políticas públicas que promuevan la igualdad salarial y la independencia económica de las mujeres.

En términos de puestos de liderazgo en el gobierno federal, encontramos que de 16 dependencias del gabinete, sólo 7 tienen a una mujer como titular. Claudia Sheinbaum se comprometió a designar un gabinete paritario, lo que sin duda es una buena noticia. Veremos si esta proporción se mantiene a lo largo de su administración.

No podemos negar el gran avance que representa que México haya elegido a su primera mujer Presidenta; sin embargo, queda un largo camino por recorrer. La lucha por la equidad de género debe continuar, enfocándose en eliminar los estereotipos de género, promoviendo la igualdad salarial y asegurando que las mujeres tengan las mismas oportunidades para alcanzar los más altos niveles de liderazgo.

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